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Álvaro de la Barra, director de “Venían a Buscarme”: “En Chile no se habla de los niños huérfanos en dictadura”

Es jueves 7 de junio y en el pequeño subterráneo de la Galería Universitaria -más conocido como Sala David Stitchkin- el frío de la ciudad es amortiguado por la reunión de unas 25 personas, dispuestas sobre sillas con respaldo y asiento de plástico. El que nunca ha entrado tal vez no imagina que en los próximos minutos se proyectará una película. Pero es el estreno nacional de un documental dirigido y protagonizado por el que alguna vez fue un niño exiliado del país luego de perder a sus padres a manos de la dictadura militar. Álvaro de la Barra es el nombre detrás de este relato, llamado “Venían a buscarme”, y quien, antes de comenzar esta función, se encuentra de espaldas al público asistente, esperando dar inicio a la historia de (su) vida fuera de Chile.

“No esperábamos que vinieran tantos, por suerte pudimos poner una función mañana también… Si quieren conversamos luego, voy a estar después de la película, así que véanla”, son las palabras escogidas por de la Barra antes de iniciar la proyección. El no mencionar sinopsis ni premios o lo que significa Concepción para el estreno alimenta más el silencio de la audiencia. Ahora, sin sobresaltos, la sala Stitchkin va a negro.

Treinta y tres horas antes, Álvaro de la Barra aterrizaba en la ciudad universitaria desde Santiago. Después del reciente estreno de “Venían a Buscarme” en salas Argentinas y la respectiva promoción nacional, a raíz de la incorporación del documental al Ciclo Miradoc durante el mes de junio, el director y productor criado en Venezuela llega hasta el reconocido “Salón de las Máscaras” del bar Casa de Salud para conversar de su historia y de cómo la historia individual puede ser colectiva.


(Fotografía: Rodrigo Barahona)

¿Qué significa Concepción para ti y para el documental?

Bueno, significa mucho la verdad. En primer lugar, porque en una película de ficción que hace mi tío padre (Pablo de la Barra), que yo rescato en el documental, los personajes principales, Marcelo Romo y Hugo Medina, vienen de Conce al inicio de la película, porque también habla de cómo el MIR se inicia acá. En segundo lugar, por el lado paterno. Mi abuelo (Pedro de la Barra) trabajó y fue un gran pilar en el Teatro U. de Conce, tema que también estoy comenzando a investigar ahora.

¿Fue una iniciativa tuya venir a estrenarlo acá? ¿Qué es lo que esperas de Conce cuando se estrene el documental?

Sí, sí, fue iniciativa mía. Santiago no es Chile (risas). Y yo creo que Conce va a ser una de las ciudades donde va a tener mejor recepción el documental. Más allá de lo de las tomas y el compromiso político de la ciudad, creemos de que Conce es una nueva generación que, como yo, se hace preguntas acerca de cómo fue lo que ocurrió, cómo fue el pasado, de dónde venimos, preguntas que yo me hago en el documental.

¿Con qué se va a encontrar la gente cuando vean “Venían a Buscarme”?

Con una nueva voz de la generación que se vio directamente afectada por la dictadura militar. Con preguntas personales que vienen de una búsqueda íntima, que es la búsqueda mía cuando crecí en el exilio, lejos del país de donde nací, sin mis padres. Me hago preguntas acerca de mi identidad, y me las hago a raíz de que el Estado chileno me reconoce como hijo de mis padres (2006) y a mis 32 años recién tengo un documento que lo acredite.


(Fotografía: Rodrigo Barahona)

Durante el rodaje tuviste que conversar y buscar muchas fuentes, personas vinculadas a la dictadura ¿Te costó encontrar a estos personajes? y ¿cómo fue el visitar los lugares, los espacios físicos simbólicos?

Fue un proceso que lo viví cuando me dedicaba a la investigación, no me quise apurar. Eso me llevó a conocer por primera vez la calle de la emboscada, a conocer Villa Grimaldi muy bien, a conocer todos estos lugares y la verdad es que me lo tomé con mucho respeto porque era el lugar donde me iba a encontrar con los personajes y estos tuvieron la bondad y la candidez de abrir su maleta de recuerdos que no quieren abrir… quise tratarlo de la manera más digna que podía tener a la mano y encontrar la distancia adecuada entre el protagonista y director del documental con el personaje que me está abriendo esa puerta.


(Fotografía: Nos hacemos un cineAlejandro de la Barra y Ana María Puga, padres de Álvaro

El documental tuvo su primer estreno en el Festival Internacional de Cine de Valdivia el año 2016, y luego obtuvo galardones como Mejor Película y Mejor Montaje Competencia Nacional de largometrajes FECICH, Mejor Ópera prima FIDOCS, Premio Opera Prima ATLANTIDOC, Mención Especial Festival DDHH Buenos Aires y Mejor película en FICTALCA 2018.

Así, con un estilo de road movie, la cinta grabada en Santiago (Chile), Caracas (Venezuela) y París (Francia) responde a una búsqueda por reconstruir la imagen de los padres de Álvaro, ejecutados en la esquina del jardín donde se encontraba el pequeño de un año al momento de ir a buscarlo.


(Fotografía: Rodrigo Barahona)

Más allá de la producción: sujeto, historia y sociedad

Álvaro describe su trabajo con palabras suaves, transmitiendo calidez y hablando, a pesar de lo poco común, desde el amor y no desde el rencor. Pareciera que se limita a sus roles de director, guionista y productor dentro de la cinta, como si le contaran la historia y solamente se encargara de la parte técnica. Sin embargo, la carga histórica y social que conlleva su persona es vital para adentrarnos en ángulos poco explorados de nuestro pasado militar.

Con respecto a la arista de niños huérfanos que dejó la dictadura, se habla acerca de 7.000 niños y niñas aproximadamente. Cuando decides hacer el documental, ¿lo hiciste de una manera completamente personal, pensando en tu propia vivencia, o eras más consciente de lo que significaba como acontecimiento social histórico, intentando representar las historias de estos niños y niñas que no se habían contando?

Te confieso que yo la hice por un motivo personal y pensando en mi historia, pero sí me ocurrió que haciéndola, y durante la investigación para escribir el guión y para plantear el proyecto audiovisual, me di cuenta de que en Chile no se hablaba de los niños, no se hablaba de los niños huérfanos en dictadura y no se habla tampoco de los niños perseguidos en dictadura, que es algo de lo que incluso yo mismo no tenía conciencia.

Durante tu exilio, ¿cuál era el imaginario que tenías de Chile a través de tu familia? y ¿cuál era el imaginario de tus padres?

Cuando uno sale exiliado de Chile de niño, si bien podemos tener uno que otro recuerdo, nuestra nostalgia por Chile es heredada. Viene de la generación que nos cobija o que nos lleva al exilio de nuestros familiares, en este caso mi tío. Y el país que me podía imaginar yo era una transmisión que él me daba, y esa transmisión era nostálgica, pero era nostálgica de un Chile anterior incluso al 70, que fue el que él vivió. Entonces, era un país más solidario, combativo, inquieto, una sociedad más humana.

Con respecto a la imagen que yo tenía de mis padres, justamente, es uno de los temas de la película. Cuando llegamos a Venezuela, Pablo [de la Barra] estaba rearmando “Queridos Compañeros”…  y es una historia de amor en un movimiento revolucionario. Era la historia de mis padres. Entonces para mí, que entonces tenía 4 o 5 años, la película formó parte vital de mi imaginario infantil, de cómo podían ser mis padres.

Decías en una entrevista que tu primer viaje a Chile fue en el año 90, a los 17 años ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Cuál fue tu primera impresión? ¿Ya llevabas contigo esa carga de la identidad?

Sobre todo a esa edad, recuerdo muy bien, me conflictuaba mucho el pensar de donde era finalmente. Me preguntaban “¿tú eres chileno o venezolano?” y a mi me complicaba mucho la pregunta, porque decía “cómo decir que soy chileno cuando crecí como venezolano y no conocía Chile y más encima había estado en Francia”. Eso, con el viaje a Chile a los 17, me reafirmo, dije “ah no, pero si tengo algo chileno”, porque hay cosas que me parecían familiares y cotidianas, como tomar la once, algunos olores, algunas comidas que te llamaban a la infancia pequeña.


(Fotografía: Rodrigo Barahona)

Encontrar buenas preguntas

El estilo de película road movie es el escogido para desarrollar el documental. Se trata de un viaje, de indagar por lugares, personas y momentos, ¿fue algo inconsciente?

Fue algo natural, porque además la película parte en París porque yo estaba ahí al momento en que recibo mi identidad, así que tenía que partir con ese gatillo para entender lo demás y pasar por Venezuela y Chile. Eso es el road movie en el sentido más puro, digamos. Es el viaje físico, pero también interno y la idea es que el espectador me acompañe en ese viaje.

El concepto de búsqueda, de encontrar, de filmar en proceso, en primera persona, es un tópico que se ha dado últimamente en documentales ligados a  dictadura. Trabajos como “El pacto de Adriana” de Lissette Orozco o “El color del camaleón” de Andrés Lübbert han sido otras películas que han incorporado estas formas…

Sobre la coincidencia con los documentales que nombras, además de que son trabajos muy cercanos, yo creo que es una respuesta natural, porque somos los hijos que estamos buscando estas preguntas y es normal y lo que espero que despierte también mi documental. El problema no es encontrar las respuestas en este minuto, el problema es encontrar las buenas preguntas. El camino está en la búsqueda, si en la búsqueda nos perdemos puede ser un camino para encontrarse.


(Fotografía: Nos hacemos un cine) Álvaro cuando niño.

De la Barra parece gozar cuando arremete hacia los conceptos de perder(se), buscar(se) y encontrar(se). Y, claro, tal como ha dicho en otras ocasiones, con esta película nunca buscó sanar sus heridas o conflictos internos, solamente pretendió llenar ese espacio de falta de información que por tanto tiempo cargó.

Después de todo, ¿crees que tus padres hubieran visto tu película?

Sí, sí. Además, mi padre, así como mis dos tíos que son cineastas, era muy fanático de la tecnología, de las cámaras y del cine también. Tenía esta familia de directores de teatro, directores de cine, le hubiera encantado. Y mi madre, que era actriz, le hubiera encantado el que hubiera sido una película en que yo contara la historia, estoy convencido.

“Venían a buscarme” está disponible en todas las salas Miradoc a lo largo del país durante el mes de junio y en Concepción las próximas funciones serán el jueves 14 en la misma Sala David Stitchkin (Barros Arana 631, subterráneo Galería Universitaria) a las 18:30 hrs y el martes 26 y jueves 28 de junio en la Alianza Francesa (Colo Colo 1) a las 19:00 hrs. Para más información visita la web oficial de Miradoc.

Por | 2018-07-29T03:05:30+00:00 Junio 13th, 2018|Sin comentarios

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