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Carolina Adriazola y José Luis Sepúlveda: tras un lenguaje cinematográfico propio

El caos es un elemento que Carolina Adriazola y José Luis Sepúlveda abrazan sin miedo. En todas sus producciones ha jugado un rol importante, pero quizás nunca tanto como en su último documental, “Il Siciliano” (2017). “Esa película partió como ficción. Teníamos un guión y ya habíamos hecho un primer corte de 40 minutos de la película, pero los actores de la ficción cayeron presos”, cuenta Adriazola.

“El personaje principal iba a estar como cinco años preso, entonces no teníamos ninguna posibilidad de continuar, así que tratamos de ser lo más honestos con la realidad que teníamos”.

Así, terminaron generando un retrato íntimo de Juan Carlos Avatte, un hijo de inmigrantes sicilianos que se hizo millonario vendiendo pelucas desde la segunda mitad del siglo XX en su local de Providencia. Y el resultado está lejos de responder a las expectativas formales y temáticas de una cinta biográfica común: es un encuentro frontal con la ética y la estética del mundo de su protagonista, uno que no busca ninguna clase de redención aún en sus últimos días. Y que resulta tan trágico como gracioso.

Es difícil saber cómo habría sido la película de mafiosos que tenía planeada esta inquieta dupla (que además de dedicarse a filmar, ha levantado una Escuela Popular de Cine, un Festival de Cine Social y Anti-social, e incluso ha incursionado en la música). Pero “Il Siciliano” bien vale la pena su sacrificio. Bienvenido sea el caos.

La cinta se estrenará el próximo 5 de julio en todo Chile a través del programa Miradoc, pero ya se había exhibido en la región durante el festival Frontera Sur y en BioBioCine. Es cuando vienen a presentarla a este último certamen que conversamos en un café frente al Hotel Araucano, centro de operaciones del BBC.

“Il Siciliano” (2017)

“Nuestros procesos son mucho menos rígidos en términos de la puesta en escena o de la creación del lenguaje. Para nosotros era importante que todo se fuera transformando [en la filmación], y que esa transformación vaya sugiriendo nuevas formas poéticas”, explica Sepúlveda. “Desde ahí se planteó la película. El mismo hecho de que sucedieran estas dificultades era mucho mejor, y que la película tuviera un destino incierto lo hacía mucho más palpitante. Hubiera sido algo muy confuso que todo sucediera de otra forma. Habiendo obstáculos era mucho más interesante”.

Y en la producción de “Il Siciliano” hubo varios obstáculos. El más importante fue la repentina muerte de su protagonista, ocurrida en agosto de 2017, que truncó nuevamente el plan de rodaje.

“Nosotros teníamos un final de la película”, cuenta Adriazola. “De hecho, teníamos unas secuencias planificadas para grabar con el Avatte, y pasó esto. Fue sorpresivo”.

¿Cuánto se puede planear del rodaje de una película así?

Carolina Ariazola (CA): Se planea bastante, pero cuando uno llega a grabar, haces como un décimo de lo que tenías planeado, reflexionado o escrito.

En esta cinta hay un cierto cambio de tono respecto a sus trabajos anteriores, que esta vez se acerca al de los primeros documentales de Perut y Osnovikoff

CA: Había escuchado un comentario así, pero igual es distinto.

José Luis Sepúlveda (JLS): En la crítica bien precaria que hay en Chile, se comparaba a Avatte con “Un Hombre Aparte” (2001), pero esa película era una manipulación mucho más convencional, donde se planteaba cierta moralidad con respecto al patetismo del personaje. Nosotros convivimos directamente con el personaje, que va [mostrándose] de acuerdo a su moralidad y el resultado es completamente distinto. No estoy diciendo que “Un Hombre Aparte” sea mala, de hecho yo admiro caleta el trabajo de ellos.

CA: Además, la relación con el Avatte fue duradera. Era intermitente, pero se generaron lazos. No fue como hacer un rodaje documental de un año y se acabó, aquí había una verdadera relación.

JLS: Y nunca se planteó como “vamos a hacerle un documental a este viejo decrépito”. Se intentó enfocar desde la perspectiva de un ser humano que trata de sobrevivir de acuerdo a su realidad física, política, etcétera.

“Il Siciliano” no es el primer documental de esta dupla. En “Crónica de un Comité” (2014), bajo la excusa de seguir el avance del Comité por la Justicia Manuel Gutiérrez, mostraron cómo su familia intenta sobrellevar el asesinato de este niño de 16 años a manos de Carabineros, ocurrido en el contexto de la represión a las manifestaciones sociales del 2011.

Con una estética que –como toda su filmografía- no quiere responder a los cánones académicos, y que se parece más a una búsqueda/descubrimiento de las posibilidades que entrega la precariedad, la clave de la película está en la evolución que demuestran sus personajes. Cada uno tiene una cierta arca narrativa que parece salida de una ficción, pero que acá se consigue gracias al cultivo de una relación humana con los protagonistas.

“Estábamos súper involucrados, éramos parte del Comité y estuvimos mucho tiempo en la casa con la familia”, detalla Adriazola. “En Gerson [el hermano de Manuel y quien deviene en protagonista de la cinta] hubo infinitos cambios, y tratamos de generar en el montaje algo que fuera más fuerte y decidor. Aunque obviamente fue construido en el montaje. Pero más que nada, tiene que ver con la relación de confianza y complicidad que uno tuvo con la gente, que hace que de cierta forma uno esté ahí todo el rato y pueda develar cosas que por fuera es muy difícil”.

Otra de las formas en la que el dúo trabaja junto al caos es la afición por grabar espontáneamente en lugares públicos tanto como en recintos privados. Esta filmación tipo guerrilla la han aplicado en todas sus cintas: en “El Pejesapo” (2007), cuando el protagonista pasa por distintos lugares buscando trabajo; en “Mitómana” (2009), cuando la protagonista se hace pasar por enfermera en un consultorio; o en “El Destapador” (2012), donde los protagonistas van a intentar vender sangre a un hospital, en una escena grabada en menos de 10 minutos, pero que casi termina con Sepúlveda preso. “No hay ninguna frontera”, dice el co-realizador.

“Son estrategias de trabajo, y cada lugar y cada película tiene una estrategia distinta, dependiendo de lo que querai alcanzar”, añade Adriazola. “En general, cuando las cosas se han hecho más legalmente, cuesta caleta. Es mejor meterse a la mala y hacerla, o dar otro tipo de justificaciones”.

“Mitómana” (2009)

Otra estrategia que usan es la de perseguir cierta horizontalidad con sus actores profesionales y no profesionales, dándoles también poder creativo en sus películas

CA: La construcción se hace en conjunto. Es súper importante escuchar y ver, porque uno tiene ideas preconcebidas que después las tirai. Y que también son parte de la película, que es lo más interesante, porque necesita ese desarrollo igual.

En su trabajo siento una búsqueda de lenguaje cinematográfico propio, además de una inquietud por retratar y construir una identidad chilena

CA: Estamos en una búsqueda constante, y es difícil de definir. Uno sabe lo que quiere más o menos, pero siempre es búsqueda, experimentación, generar un lenguaje desde nosotros, de cierta forma. Ahora no sé si chileno, pero igual tiene exploración sobre el ser humano. Igual encuentro que es como medio subido de raja decir que estamos planteando la identidad chilena. Si tú lo opinai, bacán.

JLS: Aunque igual tiene identidad chilena.

CA: Sipo, obvio, pero es porque uno se mete bien adentro. Igual los mecanismos de producción que nosotros tenemos también marcan mucho cómo puede ser la película. Ahora último hemos estado generando un mecanismo de producción bien interesante, haciendo varias cosas a la vez en distintas etapas. Estamos desarrollando una idea, grabando otra y montando otras dos, lo que ha sido bueno porque, cuando hicimos “El Pejesapo” o “Mitómana”, nos dedicábamos cien por ciento a eso. Pero nos dimos cuenta de que eso agota, entonces si tenís varios proyectos es interesante porque si estai en uno y te cansai, vai al otro. De hecho, ahora estamos a punto de sacar dos películas más.

¿Pueden detallar cuáles son esos proyectos?

JLS: “Harley Quinn” es la última película que estamos haciendo, donde trabajamos el personaje desde la perspectiva de su individualidad, mucho más avasallador. Una frontalidad mucho más espeluznante que “El Pejesapo” o “Il Siciliano”. El leitmotiv de la película se refiere a cuáles son los sueños convencionales de cualquier persona respecto a su practicidad. Tiene que ver con la Pirámide de Maslow, en términos del origen de sus necesidades básicas.

CA: También estamos haciendo una película sobre la generación de los cineastas de la Unidad Popular, una investigación súper amplia que llevamos mucho tiempo haciendo. Ya hicimos una corta, pero queremos hacer algo mucho mejor. Esa está en etapa de montaje.

¿Tiene nombre?

JLS: Se llama “Feedback”.

CA: Y es un documental.

Desde la producción cinematográfica, ¿cuál es su posición respecto al cine narrativo? Hay realizadores nacionales que tratan de esquivarlo activamente

JLS: Eso es como querer ponerle un puñetazo a un bus porque el que lo maneja tiene la culpa. Sería como ridículo. Son las formas que se han tomado dentro del cine dominante chileno las que uno cuestiona, pero no la estructura narrativa.

CA: “Il Siciliano” es bastante narrativo, aunque no es una narrativa clásica.

Pregunto porque, por ejemplo, Ignacio Agüero trata de escapar de lo narrativo. Raúl Ruiz incluso mencionaba la inquietud de hacer una película sin hilo conductor

JLS: Eso es otra cosa. Nuestras películas siempre han generado una idea de que no hay hilo conductor, pero siempre lo hay.

Por | 2018-07-05T15:09:07+00:00 Mayo 9th, 2018|Sin comentarios

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