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Juana Molina tiene un Halo

“Lánzate”, le repite una chica desde el público, con un acento que pretende ser bonaerense. Entre risas, Juana Molina se saca la guitarra, pide que no la dejen caer, y luego se tira en picada a las manos de un público que la recibe con cariño y la devuelve al escenario con suavidad. Esta noche en La Bodeguita de Nicanor, cuenta, es la primera vez que ha hecho crowdsurfing en su carrera.

No importan las ocho horas de viaje en bus desde Santiago, ni que venga saliendo de un resfriado que la tuvo considerando cancelar esta fecha. La música argentina, que debutó con el álbum “Rara” (1996) pero que recién encontró su voz en “Segundo” (2000), muestra energía de sobra al estar sobre un escenario. Y siempre que hay errores e imprecisiones (en la interpretación de composiciones tan intricadas como las suyas, es un milagro que no haya), las lleva con una comicidad y humor que acaso será la única huella de su pasado como reconocida comediante.

Justo antes de la prueba de sonido para el show en La Bodeguita del viernes 15 de junio, comenzamos a hablar de “Halo”, uno de los mejores álbumes del año pasado, y el que sirve de excusa para que visite la región.

Este es el primer disco que Molina no graba completamente en su estudio casero. Fue Odin Schwartz –su tecladista y suerte de mano derecha- quien la convenció de ir a las instalaciones de Sonic Ranch, en Texas, a terminar el trabajo. “Cuando fuimos a grabar al estudio, yo tenía 8 canciones completamente terminadas en la casa, entonces terminamos las ideas de temas que estaban apenas esbozados y les cambiamos unas cosas a los que ya estaban hechos”, cuenta la artista.

“Lo que me gustó mucho de grabar ahí es que la modalidad de trabajo era bastante parecida a la de mi casa, porque  teníamos el estudio disponible sin horario restringido. Al principio me costó porque éramos varios y yo no estoy acostumbrada a que haya otros mientras hago mis cosas. Yo hago mucho: cosas lindas, cosas feas, cosas mediocres, y después todo lo que no sirve, lo descarto. Me costaba hacer cualquier cosa, que no estuviera buena y tener otros jueces”.

Era difícil tener espectadores de esa intimidad

Sí, me costó un poco, pero después empezó a fluir la cosa.

¿Qué canción podría ser el gran ejemplo del proceso de trabajo para este disco?

El tema del que más grabamos fue “Cosoco”, porque yo estaba muy enamorada de un teclado que había tocado en “Segundo” ya. En ese disco usé el Prophet 5 y un Moog Prodigy, y acá me reencontré con el Moog y fue mucho amor. Con Odín [Schwartz] tocábamos a cuatro manos, uno tocaba y el otro modulaba. Y teníamos la base de un loop grabado, que era el loop inicial y que finalmente quedó en el disco, que tratamos de hacerlo de vuelta pero a mí no me gustó como quedó. Ese era un loop que había hecho en una prueba de sonido. Por eso no me gusta no tener el teclado en vivo ahora, porque hice muchas canciones en pruebas de sonido y sin el teclado ya se me limita un poco la paleta. Y bueno, cuando llegué a la casa, esta canción tenía millones de tracks, de baterías. Y algo que debo haber oído me recordó a un [platillo] china que grabé al final de una canción que se llama “Yo No”, y quise intentar hacer eso de nuevo. Era un china muy chiquitito, que según como le pegabas tiene un sonido como si estuviera en reversa. Nunca conseguí uno igual, entonces Diego [López de Arcaute, su ex baterista] tocó la figura mientras yo movía el pedal del hi-hat para buscar distintas tonalidades y que no fuera todo parejo. Hicimos miles de tomas y, después de que volvimos de Sonic Ranch en marzo, yo me quedé hasta octubre mezclando. Me acuerdo de estar ahí y ver que de golpe se armaban unas figuras que son medio random -porque justo yo abrí cuando él pegó o no sé qué-, y finalmente lo que hice fue agarrar esos mini pedacitos y repetirlos como un arreglo en algunos momentos en particular. La batería me llevó mucho tiempo, y después lo del Prodigy me costó muchísimo tiempo elegir, porque había tantas partes y eran todas lindas.

Molina cuenta que fue el imposible trabajo de dar en el clavo con una nueva versión –esta vez grabada en estudio- del loop de guitarra de “Cosoco”, lo que le recordó una regla primordial: “Una vez que una canción está construida en base a algo que quizás no está muy bien, eso que no está muy bien se vuelve esencial en la canción. Porque si después lo cambio, las cosas dejan de estar relacionadas entre sí”.

“Es como un grupo de amigos en el que uno se encarga de preparar el desayuno. Cuando de pronto ese amigo no está más, y viene otro… Pésimo el ejemplo que te estoy dando”, se ríe, pero continúa hasta lograr el punto: “si ese amigo ya no está, el desayuno va a ser otro, las conversaciones van a ser distintas. Cambias un miembro y los demás no se relacionan del mismo modo. Entonces todo lo que yo hice así nomás, con la intención de mejorarlo en estudio, no pudo ser mejorado porque la opción era destruir lo que estaba hecho o empezar de cero. Y con eso, perder todo lo que estaba, que tenía otras cosas muy buenas. Ese fue el motivo por el que una de las canciones quedó afuera: porque a mí realmente no me gustaba la guitarra”.

¿La línea de la guitarra o su sonido?

No me gustaba el sonido. Nunca logré que esa base sonara bien, y la idea la había grabado en un teléfono y esa realmente no servía. Y dije, bueno, en el estudio la grabo mejor. Pero la guitarra nunca pudo integrarse con las demás cosas que estaban grabadas. Era una canción muy compleja, con muchísimos arreglos y partes que se iban superponiendo…bueno, un clásico de lo que hago siempre. Pero esta, por algún motivo, era más compleja que las demás, con una métrica rara. No hubo manera de armarla. Y estaba buena porque se parecía un poco en espíritu a otras dos canciones, –“Estalacticas” y otra que no recuerdo ahora- y me parecía que formaba una trilogía que estaba buena. Me dan ganas de hacerla de nuevo. Quizás la tendría que haber empezado de cero y habría salido otra cosa, pero algunas cosas me habían dado tanto trabajo que con pensar que eso no estuviera más me parecía que iba a perder toda la magia, acaso la tenía.

Me parece que en este disco lograste un equilibrio, donde alcanzaste la confianza para hacer varias canciones sin letra y publicar sólo las letras con las que te sientes cómoda, ¿Lo ves de esa forma?

El disco se retrasó casi un año porque yo no podía escribir las letras. Me costaba muchísimo. Siempre me pasa lo mismo: cuando una canción no tiene una palabra, algo que me sugiera de qué va el tema, no se lo puedo imponer de fuera. Es un integrante que tiene que estar desde el principio. Yo quiero que la letra suene igual que la melodía de la voz cuando no está la letra, pero no quiero simplemente poner palabras que calquen ese dibujo. Además, tengo que estar diciendo algo y tiene que estar muy bien escrito. Es muy complejo.

“Sin Dones” es una letra hermosa

Sí, me salió bien ésa. Me costó muchísimo llegar a saber de qué hablaba “Sin Dones”. Yo quería tener las letras listas en el estudio, porque en Sonic Ranch sonaban tan bien las voces que yo me sentía una cantante profesional. Porque claro, tenían unos micrófonos de 40 mil dólares a través de unos preamps que valen 20 mil. Cosas que uno en su casa no puede tener bajo ningún concepto –yo, al menos, no puedo- y con las que realmente suena de otra manera la voz. No tienes que ponerle nada, casi no hay ni que ecualizarla. Y, además, al oírte vos con esa calidad de audio y con esa calidez, cantas de otro modo. Un micrófono con buen sonido te hace cantar mejor. Es como un show con buen sonido: tocas mejor que si tienes mal sonido, porque cuando tienes mal sonido estás todo el tiempo tratando de sonar.

¿El diseño de voces para este disco pasó en el estudio?

No canté nada en el estudio, excepto “A00 B01” porque no tenía letra. Todo lo demás lo canté después.

Una de las últimas veces que Juana Molina vino a Chile, en agosto de 2017, hizo dos shows en el Teatro San Ginés. Si bien el segundo salió a pedir de boca, el primero tuvo problemas de sonido que pararon el show por varios minutos y un tratamiento visual que estuvo lejos de ser el ideal.

“El iluminador se había ido”, cuenta, con justa indignación. “Después del tercer tema yo digo ‘che, la luz puede ir cambiando de vez en cuando’. La tiré así, y nada. Le habíamos pasado el rider, no para que hagan lo mismo pero para que tengan una idea y sepan los colores que van por tema. Después, cuando viene “Lentísimo Halo”, donde nosotros solemos apagar todo, yo digo ‘che, acá si apaga por favor’ y ahí empecé a dar manija. Después me dijeron que no había nadie”.

Y en esta visita a la capital –el jueves 14 en el Club Amanda– también debió lidiar con problemas extramusicales: su telonero para la fecha fue (me llamo) Sebastián, quien en noviembre de 2017 relativizó las denuncias de al menos siete mujeres sobre repetidas conductas de acoso y abuso sexual en contra de Pablo Gálvez, su productor y ex músico. Además, justo antes de que anunciara que se iría a México, fue funado por una ilustradora que lo acusó de aprovecharse de su fanatismo e inexperiencia para conseguir trabajos gratis. Por todo lo anterior, varias personas manifestaron en redes sociales su incomodidad con la presencia del músico en la fecha.

¿Te enteraste de la polémica que se armó alrededor de tu telonero, (me llamo) Sebastián?

Más o menos.

Su productor y ex músico abusó de varias mujeres, y él lo encubrió.

¿No será que lo encubrió porque le creyó?

Bueno, eran amigos.

Por eso. Yo creo que si viene mi mejor amiga y me dice ‘te juro que es mentira’, yo le creo a ella. Después, si se demuestra que mi amiga es culpable, me va a doler muchísimo. No sé qué actitud tendría. Obviamente no trabajaría con ella públicamente, pero por ahí seguiría siendo amiga. No sé. Las relaciones son algo muy difícil de juzgar, porque cada una es particular y el vínculo es único, íntimo e inexplicable. Yo no sé qué pasó, no me enteré mucho. Pero parece que el público lo perdonó porque ayer estaba encantado con ellos.

De todas formas vi en redes sociales a gente que quería ir a verte pero no quería verlo a él, por ejemplo. Además, la productora al parecer bloqueaba a gente que escribía en el evento sobre el tema

De todo eso ni me enteré. Si justo ponen un número tan complicado antes de que toque yo…es algo de lo que habría preferido no saber nada. En un momento dije, ¿acá qué tengo que hacer? Sigo sin saber lo que pasó, no sé si está demostrado.

Lo que hizo es difícil de probar ante un tribunal, entonces no necesariamente puede estar demostrado por esa vía

No sé ni qué hizo.

Abusó sexualmente de una chica y manoseó a varias mientras dormían en su casa. Fueron muchos testimonios, entonces es difícil que todas se pongan de acuerdo para…

Sí, no sé. Son temas muy delicados. Creo que hay que analizar cada caso en particular.

En realidad no te estoy pidiendo una opinión sobre el caso, sólo quería saber si estabas al tanto de la situación

Supe, pero no sé… Me dio mucha rabia pasar por esto cuando vengo lo más contenta a hacer un show a Chile. No sabía qué había pasado. Ahora me estoy enterando por vos que fueron varias [víctimas] y que lo más probable es que sea cierto. Lo poquísimo que yo sabía en ese momento es que eran muy amigos, y yo dije, bueno, será que hasta el último momento le creyó al amigo. Yo los conocí ayer y me parecieron todos encantadores. El otro no estaba por supuesto, y probablemente sea encantador también.

Claro, pero uno nunca sabe lo que la gente hace en privado

Y, sí. Creo que es un tema que hay que tratar con mucha delicadeza. Lo que sí me parece muy bueno [de que se hable de estos temas] es que alerta a las chicas, que muchas veces les da vergüenza decir que no porque les da miedo o para que no las traten de histéricas. Porque cuántas veces a mí me pasó que me acerqué a uno que me gustaba un poco y después me di cuenta de que en realidad no me gustaba. Yo no tuve nunca ningún problema en decirle ‘che, sabes que no’, pero quizás otras chicas sí, y está muy bien que esto las envalentone como para ponerse más firmes y saber defenderse. Porque muchas veces el abuso se da por la oportunidad que uno le da, porque si vos no te niegas y te quedas así quietito…

Pero si ves que la otra persona está incómoda y sigues…

Si ves que la otra persona está así quieta y no dice nada, tienes que ser un insensible de mierda, obviamente. Un tipo muy insensible, una muy mala persona, o las dos cosas a la vez. Entonces esto está bien, porque veo que las chicas ahora tienen una actitud muy fuerte. Viste que el otro día tuvo media sanción la ley de aborto, y había una cantidad de chicas jóvenes tan enorme. Fue muy emocionante lo que pasó el otro día en Buenos Aires. Porque realmente, las razones que esgrimen las personas no abortistas, o “pro-vida” como se llaman ellos, son tan lábiles, no tienen peso, o son religiosas. Lo que pasó fue muy lindo. Como toda revolución, es un poco caótica y exagerada al principio, y hay gente que dice muchas pavadas –inclusive las que están a favor-, pero no importa. Después se equilibra todo.

James Murphy comenzó a agarrar vuelo con LCD Soundsystem pasados los 30 años, y él siempre ha dicho que ese éxito tardío fue algo beneficioso. Primero, porque así se tomaba mejor la fama y, segundo, porque se aseguraba de hacer música de la que no se avergonzaría después, ¿Te sientes de una forma similar con tu carrera? ¿Crees que empezar “tarde” a hacer música te benefició en perspectiva?

Yo compongo desde muy joven. Todas las canciones del primer disco las había escrito entre 15 y 10 años antes de publicarlo. Son temas que hice a los 18 o a los 20, algunas incluso más joven, y por eso las letras son más adolescentes. Me perjudicó haber tenido la carrera que tuve antes, porque me costó mucho entrar al circuito musical estando tan encasillada en otro lado. Entonces, cuando salió el primer disco, arranqué del quinto subsuelo y tuve que primero llegar a la superficie para que pasara algo. Además, justamente me dediqué a otra cosa porque me era imposible tocar delante de otra persona. Me daba una timidez y una inseguridad enorme. Pero haciendo personajes era lo contrario, era completamente invulnerable. Cuando yo hacía café concerts, interactuaba con el público y me podían decir cualquier cosa, pero yo siempre sacaba una respuesta que hacía quedar mal al que me había agredido. Siempre. Porque lo hacía desde un personaje, entonces podía realmente decir lo que pensaba, y yo quedaba intacta. Entonces la combinación de todo lo que venía de fuera en contra, más mi timidez, fue letal. Tuve que vencer todos mis miedos primero. Me llevó muchísimos años aprender, así que no sé si hubiera podido hacer esto más joven. De hecho, no pude.

Por | 2018-06-20T17:09:42+00:00 Junio 20th, 2018|1 comentario

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Exagerar es lo mejor del mundo.

Un comentario

  1. Alejandro Junio 20, 2018 en 6:45 pm- Responder

    Buen reportaje!

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