Nadrán: sentir, intimidad e incomodidad de vivir (pero estoy bien)

Calle Brasil con Caupolicán. Son pasadas las cuatro de la tarde de, quizá, uno de los viernes más fríos del otoño. Desde la esquina, tapada hasta los ojos con una bufanda de lana color rojo y una parka azul que cubre gran parte de su cuerpo, Nadrán (24) saluda algo confundida al no dar inmediatamente con la entrada que se encuentra disponible para ingresar a una Casa de Salud poco más cálida que el resto de la intemperie de Concepción.

“Ando con mis bolsitas, muchas gracias”, afirma con una mezcla de timidez y gracia ante la oferta de una taza de té caliente para iniciar una conversación que se traslada hasta el Salón de las Máscaras -o fumadores- del bar donde hace seis meses se presentaba. En aquel  momento, el 21 de noviembre de 2018, Nadrán aún no grababa su primer EP, era estudiante universitaria, vivía en Concepción y no imaginaba próximos hitos como su participación en la Noche en los Balcones del Festival Rockódromo 2019 con Camila Moreno y Alvaro Henriquez. “Sí, o sea, ha sido todo en un periodo corto, más o menos relativo y en el que han habido varios hitos muy peak”, comenta la cantautora sin darle demasiada importancia a ciertos acontecimientos que han marcado una propuesta artística que nace íntegramente desde el propio sentir, la intimidad e incomodidad.

Fotografía: Rodrigo Barahona 

Rocío Contreras

Oriunda de la localidad de Tomé y con alrededor de 15 años, Nadrán tampoco respondía mucho a su nombre de nacimiento, Rocío Contreras, sino más bien al apodo de Josi. En esa época la Josi ya se presentaba en algunas tocatas y actos varios del colegio católico en el que estudiaba e interpretaba, mayoritariamente, covers en inglés junto a un teclado y una guitarra acústica. “Ese tecladito es el mismo que sigo ocupando hoy. Es como un Yamaha de una gama baja”, asegura riendo al recordar una etapa que estuvo compuesta por inocentes deseos de ver la música como algo más que un simple pasatiempo.

“A esa edad era como un sueño no más, un sueño de adolescente por así decirlo jaja, porque igual es complicado dedicarse a la música acá en Chile, ya que no es muy rentable”, menciona mientras expulsa una bocanada de humo producto del tabaco que fuma para continuar haciendo alusión a un periodo en el que, a pesar de haber contado con el apoyo de su familia en lo musical, terminó encasillando esas ansias artísticas en un sueño, como ahora cataloga.

Al terminar la secundaria, optó por ingresar a estudiar una carrera universitaria, decisión en la que confiesa: “Yo igual entré a la U por un tema de… ese pensamiento, esa exigencia social que es como que tenís que estudiar una carrera. Ser profesional porque tenís que salir adelante, ser alguien la vida, etc”. Así, se matriculó en psicología, carrera que más tarde condicionaría -directa e indirectamente- su faceta de Nadrán.

Entre libros, clases, procesos y cuestionamientos varios -más fuera que dentro de la institución académica- la guitarra y letras de Rocío no dejaron de sonar. Y fue justamente en alguna que otra tocata, actividad de la carrera o café concert en que se presentaba, cuando la invitaron a participar de un proyecto musical más estable. “Hubo un día en que un amigo de un amigo, me habló y me dijo que tenía otro amigo (jaja) que quería hacer una banda y andaban buscando vocalista. En la U me había escuchado cantar, le tincó y me invitó, entonces nos juntamos, conversamos sobre el proyecto y ahí nació Robot Parlante, recuerda sobre la banda de indie pop con la que el año 2016 tuvo la oportunidad de presentarse en la quinta edición del Balmarock. De ahí las cosas empezarían a tomar un rumbo tan provechoso como inesperado. Esas composiciones de la incipiente cantautora que se encerraba en su pieza de Tomé con guitarra y teclado en mano, se asomaban con proyección venidera.

Fotografía: Rodrigo Barahona

“La niñita que trabajaba en la recepción”

“Me acuerdo que ensayabamos (con Robot Parlante) en Cuartito y ahí conocí al Isma. También conocí a la Salo porque trabajaba en la recepción. Y en el 2017 como que me dio la huea y me quise ir a vivir sola, entonces empecé a buscar pega y un día como que puse una publicación en Facebook, así como que andaba buscando pega, y el Isma me habló, me dijo ‘oye, sabis que estoy buscando alguien para la recepción y, pucha, como que te conozco de vista y pareces una persona confiable, como igual responsable. La pega no es tanta, pero el ambiente es super hogareño”. Así cuenta Rocío cómo llegó a trabajar en el hoy extinto Cuartito Estudio. El lugar, fundado por el también músico Ismael Peric, albergó entre el 2014 y 2018 salas de ensayo, estudio de grabación, diseño gráfico e ilustraciones y hasta un primerizo Espacio Güiña (en 2017).

En las dependencias de Cuartito, ubicadas en el 1717 de la calle Maipú, Rocío era “la niñita que trabajaba en la recepción”. Trás un mesón se cobijaba para agendar las horas de las bandas que iban a ensayar durante la jornada. Por aquellos días también conocería a personas como Diodo Vergara o Cris Alejandro (FríoLento), quienes, trabajando también ahí, recién iniciaban sus respectivos proyectos musicales.

“Fue súper bacán igual, estuve trabajando como casi un año… igual ahí empecé a cachar gente. De hecho hay muchas personas que me conocieron en ese tiempo y ahora me dicen como ‘qué huea, tocaste con la Camila Moreno y el Álvaro Henríquez, en qué momento’ jajaja”, recuerda de ese espacio que se transformó en un potente y acogedor foco de desarrollo cultural local y que hoy -como muchos sitios en Concepción- se reduce a un estacionamiento encementado con blancas paredes.

Ser(á) Nadrán: Mecanismo defensivo 

Bajo el nombre de Nadrán, Rocío comienza a manifestar las influencias de su vida, quizás, siempre viendo las cosas desde la vereda del frente. “Llegó un momento en que me empecé a motivar harto con la música y comencé a hacer hartas canciones que igual empezaron a reflejar esa como incomodidad de vivir… me hacía cuestionar cómo me sentía. El cómo percibo lo externo a partir de mi propia intersubjetividad, cachai, porque, obviamente todo es una percepción. Las conclusiones o las reflexiones a las que puedo llegar son, obviamente, influidas por la construcción que he tenido a lo largo del tiempo”, asegura la música con total convicción, dejando entre ver también, su faceta como cientista social.

“Para mí es súper importante el tema de la interpretación, lo he trabajado harto. Como poder conectarme con eso para poder transmitirlo, porque siento que si estoy haciendo música o estoy practicando algún arte, obviamente trato de expresar algo y si lo estoy compartiendo es porque igual existe esa necesidad de divulgarlo y que a la gente le llegue”, afirma.

Así, en solo un par de meses, Espacio Güiña, Taller del Libro, Balmaceda Arte Joven, Espacio Oasis, Trafül, fueron algunos de los lugares en Concepción donde Nadrán comenzó a compartir sus intensas melodías cargadas a un pop más experimental. Ahí, la sorpresa era inmediata. La voz suave que envolvía atmósferas y propiciaba la intimidad de sus letras sin tapujos, llamaron rápidamente la atención entre el público.

Parir a “Aliberta”

Luego de un 2018 potente, Nadrán tomó la decisión de encerrarse durante parte del verano 2019 para llevar a cabo la grabación de su primer EP. De esta forma, se cobijó en Tomé, la casa de su papá, para lograr concretar un proceso íntimo y dinámico.

“Me fui a hacer el EP a la casa de mi papá en Tomé. Igual tenía algunas cosas. Me ponía como horarios y me organizaba durante el día. Hice igual una agenda para trabajar tales días tales temas, y en la noche, antes de acostarme, escuchaba los avances, para cachar qué tenía que seguir trabajando durante el otro día”, cuenta sobre aquellas semanas en la icónica comuna, en donde además confiesa: “Estuve sola, igual como que fue un proceso super introspectivo poder estar sola en eso. Como que trataba de tener regresiones en ese tiempo para poder conectarme como con esa fuente que me hacía como pensar, escribir, lo que me llevó a gestar las canciones”.

Cuatro canciones -“Fantasmas (parte I)”, “Anhedonia”, “Tres Acordes” y “Fantasmas (parte II)”- compuestas, grabadas, producidas, mezcladas por la misma Rocío y masterizadas por Felipe Hinojosa, fueron las elegidas para armar este primer disco que lleva por título “Aliberta”, nombre que tampoco responde al azar: “Hace un tiempo teníamos una gatita, la Ali, y mi mamá como que la quiso regalar y yo le tenía mucho cariño y después cuando me fui a vivir sola ella fue una gran inspiración. Al EP le puse “Aliberta” en honor a ella. Se llamaba Ali, pero de repente le decía Aliberta. Y un día desapareció y nunca volvió y fue muy triste, como que nunca más supe más de ella… Este ser fue una motivación para la independencia y el nombre del disco simboliza la incertidumbre al desaparecer y nunca tener una respuesta al respecto”.

Luego de un pre-lanzamiento íntimo, el disco se publicó el 25 de febrero de este año a través de la plataforma digital Bandcamp y luego por Soundclound y Youtube, coronando un proceso que, asimismo, estuvo marcado por su participación tanto en el Festival de Rock Carnaza (premio otorgado a través de las Escuelas de Rock y Música Popular), como en el Rockódromo 2019, ambos en Valparaíso.

Compartiendo un balcón 

Luego de tocar en el Festival Carnaza en octubre de 2018, Rocío recuerda que la llaman de las Escuelas de Rock para volver a Valparaíso a fines de enero. “Dijeron que me querían invitar para la Noche de los Balcones, que es como la inauguración del Rockódromo, ofreciéndome ser parte de la triada donde iba a estar Camila Moreno y Álvaro Henríquez, y yo como ¿alo?”, comenta con gracia.

“Fue bacán que me hayan tenido en consideración, porque, ya, igual me dijeron que me iban a considerar más adelante, pero no pensé que iba a ser como tan… como un cambio tan brígido, como compartir un escenario, o un balcón jaja con esas personas. Entonces fue bacán el viaje, más encima había terminado la carrera entonces fue como súper simbólico, cerrar una etapa”.

Frente a episodios como estos, Rocío habla con una sencillez que roza con el nerviosismo. Ella misma afirma que no sabe cómo abordar ciertos comentarios relacionados hacia alabanzas o que ensalzan su ego y frente a esto es imperativa al manifestar: “No comparto eso de estrellas. Trabajando en Cuartito conocí harta gente que eran así, que se daban color y no, no me interesa”.  

      Nadrán junto a Camila Moreno y Alvaro Henríquez en la Noche en los Balcones, el jueves 31 de enero de 2019. Fotografía: LaRata.cl

FríoLenta

El Festival Rockódromo 2019 no sólo tuvo a Nadrán como representante de la zona del Bío Bío, sino que también estuvo presente la agrupación FríoLento, la cual, casualidad o no, guarda lazos con la cantautora tomecina.

“Al Cris (vocalista de FríoLento) lo conocí en el periodo de Cuartito y un día me escribió y me dijo ‘oye sabes que con los chiquillos estamos buscando como una segunda guitarra y pucha igual queremos incluir una mujer. Queremos incluir otra perspectiva y nos pareces una persona interesante’. Ahí yo les dije que apañaba, pero que igual quería conocerlos. Quería cachar si me sentía cómoda con ellos y si fluía. Luego nos juntamos un día, conversamos, nos tomamos unas chelas y los cabros me cayeron super bien y como que después seguimos trabajando y se dio algo bacán, como igual super honesto”, comenta sobre cómo llegó a integrar al trío de hombres (actualmente ya no participa como miembro activo) que, al igual que ella, recién comienzan su carrera en la música.

Una generación femenina

El proyecto Nadrán nace en medio de un contexto en que, directa o indirectamente, las mujeres han sido parte de su proceso tanto artístico como personal. En ese sentido, desde hace alrededor de cuatro años se ha ido conformado una potente escena cultural integrada solamente por mujeres creadoras, como nunca antes se había visto en Concepción. Basta con mencionar espacios como BRAVA -integrada por las artistas Fernanda Leiva, Análoga, Mulier, entre otras- o la red Cabras Audiovisuales, para hacerse solo una idea de cómo la organización femenina ha buscado hacerse un espacio en una desigual industria local.

“Es bacán porque entre mujeres… o sea, no solamente músicas, porque también trabajan en ese ámbito fotógrafas, audiovisuales, sonidistas, cachai, como que igual hemos generado redes para poder conocernos. Saber quienes estamos trabajando y así también he podido acercarme con varias niñas. Ponte tu, con la Anita (Análoga) igual me pasa que la conozco hace rato, entonces hemos generado un vínculo muy bonito, con harto apañe y confianza”, agrega Rocío sobre compartir en un espacio destinado a cuidarse, protegerse y advertirse entre mujeres.

Fotografía: Rodrigo Barahona

El breve recorrido de Nadrán ha sido intenso. En tan solo un año, y sin haber grabado nada, ya era destacada en medios nacionales que integraban nombres como Francisca Valenzuela, Santaferia y Javiera Mena. Sin embargo, la actitud de la recién egresada de psicología continúa siendo la misma de la escolar que cantaba “Torn” (de Natalie Imbruglia) para el día del alumno en su colegio, la misma de la “niñita que trabajaba en la recepción” de Cuartito Estudio, la misma de la persona que estaba muerta de nervios al lanzar su EP frente al computador, y es la misma de quien hoy ya se encuentra planeando su primer larga duración.

“Ya estoy maqueteando temas, tengo algunos en carpeta y esta vez voy a trabajar con gente para la grabación y post-producción del material”, anticipa con calma y satisfacción. Ella no se impone fechas ni plazos de terceros para concretar sus proyectos. Funciona a pulso, condicionada por su propio sentir.

Antes de despedirse, Rocío recoge su bolsita de tabaco y limpia un poco la mesa en la que estuvo apoyada todo este rato. Con serenidad y algo de distracción sube el cierre de su parka azul que la cubre casi entera; queda lista para volver a integrarse al frío de la calle. Afuera, se mimetiza con las nubes grises que taparon completamente el escaso sol que sorprendió durante la tarde. Mejor así, piola. El camino es largo hacia Tomé.

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